
Del 11 al 22 de noviembre se llevará a cabo la COP29. Se debatirá sobre cómo frenar el cambio climático. Como en cada COP se renueva la esperanza de alcanzar compromisos económicos y tecnológicos para avanzar en la reducción de este fenómeno. Mi esperanza se encuentra en que los expertos y líderes mundiales coincidan en que para lograr una transformación profunda y verdaderamente sostenible, se debe invertir en un modelo educativo que prepare a las generaciones actuales y venideras en comprender, diseñar y actuar en mitigar los efectos negativos del cambio climático.
Parece utópico, sin embargo, algunos países ya lo han hecho. Estos países han logrando avances significativos en sus metas ambientales y han demostrado que la educación puede ser un motor de cambio poderoso.
Estamos aún lejos de que los sistemas escolares propicien la sostenibilidad. Es cierto que hay algunos intentos por incluir temas de sosteniblidad, pero aún estamos lejos de lo que resultaría un cambio sustancial de dirección. Más y más voces expertas en el ámbito climático y educativo sostienen que este tema debe ser parte medilar de la curricula. Crear ciudadanos concientes es fundamental, sin embargo, la evolución necesaria se presentará de manera acelerada cuando las generaciones más jóvenes estén capacitadas para tomar decisiones y liderar iniciativas que continúen mitigando los efectos de la crisis climática.
Como comentaba anteriormente, estudios recientes han demostrado que los países que han integrado una formación ambiental sólida en su sistema educativo —como Finlandia, Costa Rica y Singapur— presentan avances notables en sus índices de reducción de emisiones y adaptación al cambio climático. La inversión en educación, ha sido entendida por estos países, como un beneficio de largo plazo que impacta positiva y directamente en la sostenibilidad.
En el caso de Finlandia se llevó a cabo la integración de la educación ambiental. Es decir, desde el nivel básico hasta el universitario, la curricula incluye temas de sostenibilidad, energías renovables y conservación del medio ambiente. Enfocándose en el pensamiento crítico y la resolución de problemas, los estudiantes finlandeses desarrollan habilidades que los capacitan para enfrentar y resolver desafíos ambientales. Como resultado, Finlandia ha reducido sus emisiones y ha hecho de las energías limpias una parte fundamental de su economía.
Costa Rica también ha apostado fuertemente por la educación ambiental. Esto ha sido fundamental para alcanzar sus logros en materia de sostenibilidad. Con casi el 99% de su electricidad proveniente de fuentes renovables y un 25% de su territorio bajo protección. Costa Rica es un país líder en conservación, así como un referente global en transición energética. Desde las aulas, los estudiantes costarricenses aprenden sobre biodiversidad, manejo responsable de los recursos y su conservación, formando ciudadanos conscientes y activos en la defensa de su entorno natural.
Otro ejemplo convincente es el de Singapur. Este país ha implementado un enfoque educativo que conecta a los estudiantes directamente con los desafíos ambientales de su realidad urbana y densamente poblada. Los hace sensibles de su entorno y lo sus potenciales soluciones ad-hoc. Desde temprana edad, los estudiantes aprenden sobre sostenibilidad y eficiencia energética, con un fuerte énfasis en el cuidado del agua y los recursos limitados del país. Programas escolares, como el de “Green Schools Initiative,” integran prácticas de sostenibilidad en el día a día escolar y promueven el reciclaje, la conservación y la eficiencia energética.
A nivel nacional, Singapur ha lanzado programas de concientización y ha adoptado tecnologías de construcción ecológica, convirtiéndose en un referente de desarrollo sostenible en Asia. Gracias a esta educación ambiental integral, Singapur ha logrado avances significativos en eficiencia energética y en la reducción de su huella de carbono, haciendo del país un ejemplo en cómo ciudades densamente pobladas pueden prosperar con un enfoque verde.
El cambio climático se ha discutivo en términos de “creencia”, como si la evidencia científica fuera una cuestión de opinión. Sin embargo, la realidad es que el cambio climático no es un tema de fe, sino de ciencia. En palabras de muchos científicos y líderes ambientales: “No se trata de creer en el cambio climático, sino de entender y respetar la ciencia que lo sostiene”.
Estudios climatológicos, investigaciones en glaciología y análisis de patrones atmosféricos, realizados a lo largo de décadas, demuestran de manera concluyente que el cambio climático es una realidad. Sus efectos se pueden observar desde el aumento de las temperaturas globales hasta la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como huracanes, incendios forestales y sequías.
La divulgación de la ciencia dispoible como parte del sistema educativo permitirá no solo informar a los estudiantes sobre los problemas que enfrenta el planeta, sino además para dotarlos de los argumentos suficientes que les permitan entender los procesos que están en juego y tomar decisiones informadas. Así, el debate ya no se centra en “creer o no” en el cambio climático, sino en comprender su impacto, sus causas y qué puede hacer cada persona y cada comunidad para enfrentarlo. Se trata de evolucionar con miras de largo plazo, donde el individualismo sea puesto a disposición de la colectividad y creando así un nosotros.
Por los documentos disponibles, la COP29 se quedará corta en el tema tratado en este texto. Es muy buena señal el hecho de que se plantea que los países —especialmente los de economías emergentes— rediseñen sus sistemas educativos, colocando la sostenibilidad y el cambio climático en el centro de sus programas. También es de celebrarse el hecho de ponerse en consideración la creación de un fondo global para apoyar a las naciones en la implementación de estas reformas y la promoción de programas de intercambio para que docentes y estudiantes compartan buenas prácticas en sostenibilidad. Sin embargo, se sigue observando lejana la implementación de una acción convencida por parte de los países de manera individual. Es crucial que los países, de menera individual, como en los casos antes mencionados, tomen la responsabilidad que se requiere para dar el paso hacia adelante.
Organizaciones internacionales como la UNESCO y el Banco Mundial han mostrado interés en respaldar esta visión, proponiendo recursos educativos y plataformas de aprendizaje globales que faciliten a los países adoptar una educación ambiental de calidad y accesible para todos.
Con la esperanza de que la COP29 marque un antes y un después en la lucha contra el cambio climático, igualmente deseo que sea un catalaizador para que los países adopten la educación como herramienta fundamental de cambio. La inversión en un modelo educativo centrado en la sostenibilidad no solo fortalecerá la capacidad de los países para enfrentar los retos ambientales, sino que también formará generaciones de ciudadanos comprometidos con la construcción de un planeta más justo y verde.
Veamos cómo evoluciona la COP29 pero en todo caso, que en la COP30 sean muchos más casos de países que reconocen la educación como la herramienta catalizador de la evolución a un futuro sostenible, capaz de adaptarse a las circunstancias que se requieran.
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Categorías:Columnas



